Mucha gente ha escuchado que el cuerpo es simplemente un “hardware” que funciona óptimamente de acuerdo al “software” que tenga el cerebro. Lo mismo pasa con el deportista y este optimizará su nivel de concentración y determinación, como complemento de sus condiciones físicas, dependiendo lo que almacene en su panel de control. Si no fuera así, los triatlonistas no podrían vencer el dolor y el agotamiento de 2 kms de nado, 42 kms de bicicleta y 10 kms de carrera, ni Carlos Coste (campeón mundial de Apnea) sería capaz de sobrepasar consecutivamente sus records.

Ahora bien, suena fácil hablar de programación mental para poder ganar, pero hay ciertos “Virus actitudinales” que cuando entran en acción y se apoderan de la mente del competidor, no importará que tan bien preparado esté físicamente, siempre el resultado terminará siendo distinto a los pronósticos positivos esperados, pues gente o equipos con altísimas condiciones para ganar, terminarán siendo vencidos de formas inexplicables, a veces por competidores de menor nivel.

El primer virus que mencionaré es “Sobraitis dil pasadus”, se refiere a la condición mental de un equipo o atleta que se cree en palabras coloquiales “sobrao” debido a sus éxitos inmediatos y a partir de allí se confía(n) hasta el punto de menospreciar contendores, no prepararse lo suficiente o desmeritar el seguimiento de una estrategia para ganar.

Este virus explica como a veces se vence al equipo más fuerte de un torneo y al día siguiente se pierde con el más débil. Quizás este protozoario, nos afectó durante el pasado clásico Mundial del béisbol, al pensar que tener al Cy Young, al guante de oro y al ganador del Derby de Home Runs entre tantas otras luminarias, era suficiente para alcanzar el título del mundial…

Definitivamente las victorias deportivas son como las parejas, cuando se cree que se tienen 100% seguras, hay esfuerzos que dejan de hacerse y estas comienzan a coquetear con otros, hasta que nos abandonan por completo.

El segundo virus es el “Estrellitis compulsivais”, es el que afecta a algunos atletas cuando sus salarios, pautas publicitarias o desempeño aumenta considerablemente y creen que son dioses del olimpo que le conceden el honor a la humanidad y a sus compañeros de verlos competir. Debido a su actitud ególatra, terminan creyendo que el equipo no es nada sin ellos, que deberían tener privilegios especiales y esto termina generando la desarmonía total en toda la tripulación. Debido a su actitud, a veces terminan viviendo más de sus glorias pasadas, que de sus resultados actuales.

Hay otro virus sumamente venenoso y es el “Presionosis permanentis”. Este aspecto caracteriza a todos los venezolanos y es el hecho de dejar todo para última hora. Tal como se pagan los impuestos, se compran los regalos de navidad y se estudia para el examen, así jugamos colectivamente en muchas de nuestras competencias internacionales.

Algunos cronistas deportivos se enorgullecen de decir que el venezolano se crece a la “hora de la chiquita”, lamentablemente el sabernos buenos trabajando bajo presión, ha hecho que dejemos que nuestros oponentes muchas veces tomen la delantera, para terminar ganando muchos de nuestros encuentros en el último minuto del partido y/o perdiendo por mínimas diferencias cuando se trata de atletas / equipos con buena defensa, buen remate o mejor administración de sus energías.

“Culpabilitis desmesuradis” es el virus que hace que el deportista siempre culpe a alguien de su desempeño. Siempre habrá algo que no le dieron, que no le cumplieron, que no le ofrecieron o que no hicieron por él y por eso no pudo lograr la victoria. La que está de moda ahora es echarle la culpa a los compañeros de equipo y a la fanaticada por no haberlos apoyado.

Se pueden pasar horas aumentando la velocidad, la potencia, el nivel de acierto y las diferentes estadísticas de movimiento en cada atleta. Se pueden gastar millones en la mejor tecnología de entrenamiento, sin embargo, ningún atleta o delegación, desplegará su máximo potencial si primero no logramos que rompa sus burocracias personales y virus actitudinales.

Un Equipo gana, si TODOS sus jugadores están comprometidos con el logro del único objetivo importante: el trofeo del primer lugar, lo mismo ocurre con toda una delegación en los deportes individuales. Desde la junta directiva de su respectiva federación, pasando por el personal administrativo, atletas, personal técnico, hasta el personal que se encarga de la utilería y la logística, todos deben tener el mismo fin común en mente

  • Los atletas ganan si se logran superar todos los egos personales para empezar a competir como un verdadero colectivo unido, ya que incluso en los deportes individuales, se necesita trabajo de equipo.
  • Los atletas ganan si cada jugada o esfuerzo se ejecuta con el alma, como si la vida dependiera de ello.
  • Los atletas ganan, si cada persona siente que su amor por la camiseta y su presencia en la cancha, la pista o el campo, vale más que lo que les den material o monetariamente por jugar.
  • Los atletas ganan, si cada quien se responsabiliza de lo que le corresponde hacer en el equipo y trabaja para superarse a sí mismo cada día…
Un atleta con una altísima condición física, sin valores de equipo, pasión y determinación para ganar ¡Está muerto!, Un deportista con condiciones físicas promedio, pero con un compromiso apasionado y una entrega extraordinaria para ganar, puede romper pronósticos…

Acaba de comenzar el ciclo de preparación olímpica para Londres 2012. Se que no tenemos las mismas poblaciones de atletas que grandes potencias como china, Rusia o EEUU, pero si tenemos talentos, experticias técnicas, una gran experiencia de cosas por hacer (y no seguir haciendo), así como muchas ventajas geográficas para desarrollar nuestros atletas y equipos.

Si los egos, las arrogancias, las sorderas selectivas, la indisciplina y los desórdenes rutinarios se subyugan a la pasión por ganar, la paciencia para avanzar, la perseverancia ante los obstáculos, la tolerancia al compañero, la solidaridad intrafederativa y el enfoque en lo verdaderamente importante y relevante para mejorar el desempeño, no dudo que nuestro regreso a Venezuela luego de la cita olímpica tendrá una cara diferente dentro de 4 años…

Si tú estás en el mundo deportivo venezolano, deja de quejarte de lo que no hacen los demás (aunque tengas razón) y se tú la diferencia en lo que puedas… aportando, contribuyendo, compartiendo, solidarizando y contagiando a otros de una actitud diferente…

¿Fácil? Y quién ha dicho que lograr lo extraordinario es fácil… pero siempre será más satisfactorio cuando mires dentro de tí…
Lic. Gabriel Ruda Pino
Psicólogo de la vinotinto de Baloncesto
Conferencista internacional en Competitividad y Motivación

www.gabrielruda.com

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